domingo, 21 de abril de 2013


El aburrimiento: fenómeno social en los jóvenes del siglo XXI


Si en una sociedad el conjunto de sus jóvenes se aburre es porque les aburre la misma sociedad que los acoge y agita. Algo grave pasa en esa sociedad, y huele a fracaso institucional porque no se ha sabido presentar de modo atractivo e inteligente una oferta que dé respuesta a las apasionantes inquietudes que afloran en esta etapa crucial de la vida, y que requieren encauzamientos bien estudiados. Si se multiplica el número de jóvenes aburridos o quemados vitalmente que es lo mismo, urge investigar y elaborar un análisis crítico que vaya a las causas de este problema social. Numerosos estudios diagnósticos y de sintomatología hablan de causa-efecto: los jóvenes cuando se aburren buscan más botellas y se emborrachan, se drogan más, consumen y navegan más,…huyen a espacios artificiales, psicodélicos y digitales donde combaten el aburrimiento a través de un hiperentretenimiento que les descontrola y les narcotiza la atención.

 Pero al margen de los síntomas y yendo más a la raíz ¿cómo se ha podido llegar a esta situación de fragilidad social en el sector juvenil a la que no deberíamos acostumbrarnos? ¿Qué no se ha hecho y qué se ha hecho a lo largo de todo el proceso educativo - familiar–escolar-, para que el producto final sea un joven aburrido al borde de un ataque de nervios? A grandes rasgos propongo la siguiente reflexión. 

En primer lugar lo que se observa es que muchos de nuestros jóvenes crecen desde infantes dirigidos por un programa asfixiante y trepidante de tareas y actividades que les corta las alas de su iniciativa y creatividad personales. Se les sobrecarga de recursos técnicos exteriores y múltiples para hacerlos competitivos en el mercado laboral: dos y hasta tres idiomas, artes marciales, fútbol, tenis, academias de música y ballet, ofimática y cibernética, etc. 



Al mismo tiempo desde temprana edad, y en un entorno familiar presionado por un ambiente social de ocio y consumo se les instruye en la cultura de lo lúdico, facilitándoles el acceso al gran supermercado de la diversión: televisión, videojuegos, playstation, wi, mp3, Ipad, Iphone, móviles, Internet, redes sociales, Portaventura etc. Lógicamente para esta amplia adquisición de productos hace falta mucha pasta, y no es raro que algunos estudios identifiquen el aburrimiento como una enfermedad de los nuevos ricos: los niños ricos e ilustrados son los primeros en aburrirse. 
 

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